El miedo al fracaso, no debe matar nadie


Lo más terrible en este mundo, en el cual vivimos ahora, es que el miedo al fracaso lo para todo, y provoca las peores autocensuras de la prensa, de los políticos, de los emprendedores y de la persona humana, la que decide que la razón del miedo al fracaso, debe ser más fuerte que las ganas de vivir mejor. Y lo más increíble de esta triste historia, es que esta concentración de desesperaciones, desaniman todas las mentes conjuntas, y hace olvidar a todos, que nuestros antepasados tuvieron que pasar por bien peores miedos, como el de sufrir, en muchas ocasiones, torturas físicas y mentales, opresiones económicas injustas y violentas, perder su vida por faltas cometidas o no, a causa de las circunstancias provocadas por algunos tiranos mal intencionados.
En nuestras sociedades democráticas, ¿cuántas personas deben morir antes de que lleguen las nuevas esperanzas?,  ¿cuál es esta  fatalidad dramática que nos hace pensar que no podemos, individual o colectivamente, imaginar otro camino a seguir par ir a mejor?  Debiéramos reaprender a movilizarnos todos, para cambiar un destino recubierto de tantas nubes sombrías, con el fin de intentar conjuntamente  ir a otro tiempo,  donde brille  de nuevo un sol espléndido.
¿Cómo hacer renacer el optimismo, simplemente el deseo de no sufrir, el natural deseo de resentir el verdadero placer de vivir cada día, con el sentimiento del deber cumplido, para nosotros,  para las personas que amamos y  para nuestra familia humana?
¿Por qué permitir que el miedo al fracaso nos quite todo?  ¿Hasta cuando continuaremos, de manera masoquista, a dar tanta importancia, únicamente a las malas noticias?  ¿Continuaremos siendo el juguete de algunos manipuladores, que sólo quieren conquistar de nuevo el poder para su propio beneficio?  Ellos tienen esa meta, y nosotros, no debemos continuar siendo cómplices de nuestro futuro de esclavitud,  al que ellos quieren someternos.
Es nuestra razón y nuestra voluntad, la que puede hacer que la felicidad, sea duradera para nosotros, pero, sólo si lo queremos de verdad.  No hay peor dolor que el  que se produce cuando aceptamos la imposición injustamente o por miedo, de no afrontar la realidad.  No se puede esperar sólo un día mejor,  sufriendo, sin reacción; hay que actuar para cambiar las cosas.  Todos, cada uno a su nivel, podemos actuar, incluso haciendo poco,  para ir hasta una mejor forma de vida.
Conclusión, nadie, ningún espíritu de otro mundo o dios, te lo va dar, si tú no haces nada para cambiar tu propio mundo.

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